El silencio de los alcaldes

Uno creería que los problemas sociales más graves siempre pasan por los escritorios de los gobernantes y por los micrófonos de los periodistas, pero no es así: en el mundo de lo público la sintonía entre lo importante y lo visible no está garantizada.

No hay un ejemplo más alarmante de lo que digo que el de los muertos de la red vial. En Bogotá, cada año, fallecen unas 450 personas. En 2022 murieron en Colombia 8.469 individuos, con un incremento del 4,8 % respecto del año anterior. La gran mayoría de esos muertos se movilizaba en moto (58 %), eran peatones (21 %) o ciclistas (5,5 %). Con mucha frecuencia ocurre que los peatones y los ciclistas muertos son arrollados por los motociclistas (mi padre, algunos de mis lectores lo saben, fue uno de ellos). Así las cosas, vivimos en un país de motociclistas que se matan y matan a otra gente.

Estas son muertes violentas y deberían causar alarma social, como los homicidios y los muertos de la guerra. Entre 1994 y 2022 murieron 203.263 personas a causa del conflicto armado, lo cual es una barbaridad y por eso la prensa ha hablado tanto de ellas. Pues bien, en ese mismo período murieron 187.963 personas en las vías, pero esa cifra solo produjo algunos titulares y muy poca o ninguna política pública. Nada parecido, en todo caso, a la movilización que ha habido en contra de la guerra y a favor de la paz.

¿Por qué se habla tanto de unos muertos y no de otros? Porque la sociedad colombiana tiene la percepción de que los muertos de las vías públicas son como los de los hospitales, que se lloran en privado. A esta falsa imagen contribuyen los periodistas, que no le encuentran interés mediático al tema, y los políticos, que no se atreven a regular el asunto porque temen la reacción de los motociclistas: en muchas ciudades la mayoría de los votantes manejan moto y nunca votarían por un alcalde que limite la libertad que hoy tienen.

¿Quieren una prueba contundente del desinterés de los alcaldes por este tema? Miren los programas de gobierno de los candidatos a las alcaldías en las elecciones pasadas. En Bogotá, por ejemplo, el tema no se debatió. Solo el candidato Oviedo lo menciona, de paso, en su programa. Sobre los motociclistas Robledo dijo esto: “Ellos también están siendo víctimas de una corrupción, que los persigue, con las fotomultas, las grúas, los parqueos en los patios…”. Rodrigo Lara, por su parte, sostuvo que “la libertad no la dan dos alas sino dos ruedas”, y que la moto es sinónimo de autonomía. Galán no dijo nada. Y el tema no salió en los debates porque a los periodistas, repito, no les interesa preguntar sobre eso.

Las muertes viales no son muertes naturales sino violentas y tampoco son una fatalidad, puesto que se pueden evitar. Son causadas, en primer lugar, por el exceso de velocidad: se estima que en Bogotá el 57 % de los motociclistas violan ese límite. La solución a esta tragedia colectiva pasa por cambios en la infraestructura vial y, sobre todo, por controles estrictos de velocidad, de máquinas, de licencias y de comercializadoras. La semana entrante se discute en el Congreso un proyecto de ley que, en la práctica, elimina la fotoprotección, con lo cual no habría manera de controlar el exceso de velocidad.

Por Mauricio García Villegas

Fuente: https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mauricio-garcia-villegas/el-silencio-de-los-alcaldes/